Cuando Universal recién iniciaba su primera etapa de monstruos, no dudaron que Drácula iba a ser la película que crearía el sello del universo de terror de los años 30. Sabiendo que ya existían películas como El jorobado de Notre Dame (1923) y El Fantasma de la Ópera (1925), Drácula fue y siempre será un ícono en el cine hasta la actualidad.
Todo indicó que el inicio del cine sonoro iba a dar un nuevo camino al terror y compartir múltiples reacciones en el público. Sin embargo, ¿qué propusieron con esta versión del conde vampiro?
Cabe resaltar que hubo una versión ‘alemana’ del chupasangre más famoso de todos los tiempos. Sin embargo, el conde Orlock en Nosferatu (1922) no era más que un monstruo al que todos deseaban destruir. Una mirada penetrante y aterradora, además de ser de un aspecto deforme y diferente al de un ser humano. En pocas palabras, un personaje rápido de identificar y con un objetivo claro.
Sin embargo, Universal deseó hacer un giro más especial en ese sentido. La presencia de un conde más elegante y delicado en movimientos lo haría más atrayente a los humanos que lo rodeaban, además de poder hipnotizarlos para poder conseguir alimento.

Carl Laemmle, interesado en la novela de Bram Stoker, ideó un Drácula más ligado a lo ‘Dandy’ teniendo como actor principal a Bela Lugosi por sus grandes habilidades en el teatro y su forma de expresarse frente a las cámaras.
El aspecto de Lugosi en esta película será la pionera de múltiples versiones del vampiro, considerado en muchas series de comedia (como los Munsters) o en animación (Hotel Transylvania, como ejemplo actual). Había nacido un estereotipo que brindaba la elegancia y las ‘buenas formas’ otro significado… el peligro.
Luego de 90 años de su estreno (que casualmente fue un 14 de febrero), Drácula es un ícono de la cultura audiovisual y representó a todo vampiro desde entonces. Sin embargo, pese a múltiples versiones y adaptaciones, Lugosi dio los primeros pasos para el desarrollo del vampiro y muchos no lo recuerdan así.
La película actualmente no es de terror, hasta podríamos asegurar que hay algunas risas cuando apreciamos a un murciélago falso siendo tirado por una soguilla para simular que está volando. Algunos planos son demasiado detalle para sentirnos obligados a ver algún objeto, haciendo que la historia no fluya con mejor ritmo. Uno de los clásicos ejemplos es cuando nos presentan un rosario de la mano de una mujer que vive cera del castillo del conde.

Los escenarios tienen un aspecto muy detallado y nos hacen sentir dentro de una obra de teatro (recordemos que el cine no estaba al 100% definido en ese entonces). Un ambiente maravilloso para poder apreciar la historia con un labor artístico impresionante.
Quizás uno de los detalles más complicados de la historia fue la censura de ese entonces, teniendo que ‘esconder’ la muerte de Drácula con tomas lejos del escenario donde éste yace durmiendo. Por otra parte, al ser un guión adaptado de la historia original, hay algunos detalles que fueron modificados por solamente presentar lo terrorífico de nuestro protagonista (como escenas de romance, etc.).
Finalmente, sé que muy pocos han apreciado esta película que forma parte de la historia del cine de terror. Sin embargo, muchos saben que gracias a ésta podemos identificar a un vampiro sin dudar.
Bela Lugosi siempre estará en nuestras mentes. Por ello, su última petición, fue ser enterrado con el traje que lo hizo ser el príncipe de las tinieblas.

Co-Fundador y Redactor de Exorcine.
Licenciado en Comunicaciones, Magíster en Publicidad y Docente Investigador.





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